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abril 12, 2022

Q’eswachaka: el último puente inca

Sobre el río Apurímac, en la región Cusco, a 3.700 m s. n. m., se puede apreciar un importante legado inca que permanece vigente tras más de seis siglos. Se trata del puente Q’eswachaka, una espectacular obra de ingeniería de 30 metros de largo, hecha a base de paja y de piedra, que se preserva hasta hoy y que en 2013 fue designada como Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco.

Todos los años, este lugar es testigo de una increíble renovación. Los comuneros se reúnen para derribar el puente construido hace un año, dejando caer sus bases sobre el río. De inmediato, mujeres y niños recolectan el qoya-ichu o material de paja que será utilizado para la elaboración de las bases del nuevo puente.

¿Cuál es la explicación de tan extraordinario ritual? A continuación te lo contamos.

Significado del rito

La renovación y el trabajo colectivo son una constante dentro de la cosmovisión andina. Así como la cosecha sucede a la siembra y la esquila sucede a la crianza de las ovejas, ciertas obras arquitectónicas deben ser sustituidas por otras. Es el ciclo natural de la vida.

Por eso, la construcción del puente Q’eswachaka refleja, además del arte y el talento de los pobladores, la inauguración de un nuevo año en las alturas.

Las comunidades quechuas de Huinchiri, Chaupibanda, Choccayhua y Ccollana Quehue se reúnen cada año, al estilo de la minka incaica o trabajo comunitario, para estrechar los vínculos entre ellas y dar inicio a sus actividades.

En tiempos modernos, el puente representa la vigencia de la unión de las personas con su tierra y con su historia. La renovación anual del Q’eswachaka constituye el elemento central en la cohesión social de las comunidades participantes y es vital en la conformación de su identidad cultural.

Manos a la obra

Para la construcción del nuevo paso peatonal sobre el caudaloso Apurímac, las autoridades de cada comunidad también se integran juntando largas queswas o soguillas, las cuales serán torcidas y trenzadas. Las sogas livianas irán como pasamanos y las fibras gruesas o “duros”, como las llaman, formarán el piso del puente.

Los cabos son amarrados a las bases de piedra en cada extremo del desfiladero. La tarea continúa con la colocación de una extensa alfombra, hecha de ramas, para cubrir totalmente el suelo de la plataforma. Dos expertos en tejer puentes de coya dirigen toda la tarea. Una vez concluido el puente, los líderes pronuncian un discurso e inician las plegarias de agradecimiento.

Todo termina en un gran banquete con carne de cerdo y cuy, y un baile lleno de algarabía y danzas tradicionales.

Un legado del Qhapaq Ñan

Los expertos afirman que el puente Q’eswachaka es uno de los grandes legados de la mayor red de caminos prehispánicos del Tahuantinsuyo, denominada Qhapaq Ñan. Esta es considerada una de las mejores obras de ingeniería que se han realizado en toda la historia.

La red vial ayudó al Imperio Incaico a expandirse, al unir las localidades alejadas a través de una serie de caminos. Para la ejecución de este sistema de senderos, se requirió inevitablemente de la construcción de puentes para poder atravesar la accidentada geografía andina. Algunos estaban hechos de piedra, otros de madera y paja. También se fabricaron puentes colgantes con fibras vegetales.

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